jueves, 7 de abril de 2022

Respirar bien

La respiración es la única función del sistema nervioso autónomo que puede ser controlada y regulada por la conciencia, por lo tanto funciona como vinculo entre la dimensión psíquica y física del ser humano; es un puente de conexión entre la mente y el cuerpo.

Cuando transformamos esta función, vital e inconsciente, en voluntaria y consciente desarrollamos un sentido de vivir aquí y ahora; no antes, ni tampoco después, sino en el más absoluto instante, en la más genuina inmediatez, lo que nos aporta una gran satisfacción: nos damos cuenta que vivimos el presente, que saboreamos la plenitud y la riqueza del momento. El ciclo de inspiración y espiración nos enseña a recibir y a dar porque respiramos el mismo aire que respiran los animales, las plantas y todos los seres humanos de este planeta. La respiración nos comunica los unos a los otros, nos vincula con todos y con todo para sentirnos, finalmente, en comunión con el universo.

La experiencia de respirar de manera consciente nos enseña que cada momento es completo, es único.

La respiración, su ritmo y frecuencia, está íntimamente ligada a los estados mentales y emocionales que experimentamos en la vida cotidiana: el miedo la inhibe y la bloquea, la ansiedad la acelera, la tristeza la ralentiza, el estrés la entrecorta y el cansancio físico la fuerza. Cada uno de los patrones de respiración es el resultado de un estado de ánimo. A nivel psicosomático, las emociones consiguen desequilibrar la respiración y los ritmos vitales, sin embargo, desde la perspectiva psicosomática, la persona puede reaccionar y responder reajustando y controlando voluntariamente la respiración. El resultado es la recuperación del equilibrio emocional que nos proporciona calma y sosiego.

La cultura oriental siempre ha prestado una importancia trascendental a la respiración consciente o voluntaria y la ha cultivado mediante la práctica de disciplinas como el Tai Chi Chuan, el Chi Kung, el Yoga y la Meditación Zen.

Respirar con calidad consiste en distender y relajar la zona del bajo abdomen en la fase de inspiración, lo que facilita al músculo diafragmático moverse hacia abajo. De esta manera los pulmones disponen de más espacio en la parte inferior, entonces los lóbulos incrementan su dilatación y expansión y por tanto la capacidad de intercambio de oxigeno y anhídrido carbónico. El bajo abdomen se contrae en la fase de espiración y el diafragma vuelve a subir.

El ciclo de inspiración y espiración siempre se realiza por la nariz, de manera suave, muy lenta, continua y silenciosa. Notamos la entrada del aire en las fosas nasales, oímos el ruido que genera, sentimos su temperatura, más fresca al inspirar y más cálida al espirar. El factor clave es prestar atención, darse cuenta y ser plenamente consciente de todo este proceso vital. Unos minutos respirando bien bastan para restablecer el equilibrio emocional y la sensación de plenitud.

En la respiración abdominal, también llamada diafragmática, el abdomen se hincha y se deshincha como si fuera un globo. Es la respiración innata, original y natural del ser humano, podemos comprobarlo al observar como respira un bebé en la cuna. Los adultos hemos desaprendido y olvidado el respirar bien.

La contracción y distensión de la membrana diafragmática tiene claros beneficios físicos dado que ejerce una masaje a los riñones, al hígado, al bazo, al páncreas, así como a los órganos digestivos favoreciendo el movimiento peristáltico, también ayuda a un mejor funcionamiento del tránsito intestinal al estimular el intestino grueso, y, lo más importante es que reduce el trabajo del corazón dado que actúa a modo de bomba, o segundo corazón, sobre las venas aorta y cava en el bajo abdomen facilitando la circulación venosa hacia el corazón.

Empezamos la vida con una inspiración y la terminamos con una espiración.

La vida es un soplo y depende solo de nosotros darle su merecido valor.

No lo olvidemos.

 

Núria Leonelli


 

sábado, 2 de abril de 2022

"Sentir" a través del cuerpo

En la práctica de todas las artes marciales, la precisión de cada gesto, de cada postura es fundamental.

También en Taiji es importante la búsqueda del movimiento "perfecto", cada gesto debe ser suave y, al mismo tiempo, completo; lento y fluido, pero potencialmente rápido como un rayo.

Sin embargo, la calidad del movimiento no depende de automatismos que, por importantes que sean, no pueden sustituir a la conciencia profunda del cuerpo: debe ejercitarse constantemente.

Más que en el "hacer", podríamos decir que este arte se basa en el "sentir", en percibirnos cada vez más íntimamente.

Esto es de primordial importancia para mejorar muchas cosas con el tiempo: la postura, la escucha de las tensiones internas, la alineación y apertura de las articulaciones, la distensión de los tendones, el flujo de energía y, de nuevo, el aquietamiento de la mente y la percepción serena de lo que está dentro y lo que está fuera y alrededor de nosotros.

Si practicamos con esta perspectiva, privilegiando el “sentir”, gobernando el movimiento como si fuera un fluir ininterrumpido de estados de inmovilidad, entonces nos será posible comprender el significado de ese aforismo de Taiji que prescribe, en forma aparentemente contradictoria, que es necesario cultivar el "estar quieto en el movimiento".

 

Fuente:   Fajin - Taijiquan & Cultura orientale 


 

viernes, 1 de abril de 2022

Doce grandes secretos

 Doce grandes secretos de la vida que han sido olvidados por la humanidad.

No sólo olvidamos nuestro pasado, sino que también olvidamos dónde estamos y nuestras responsabilidades para el futuro.

A nivel personal, el estado básico de conciencia de nuestro ego es lo que nos mantiene en un estado de olvido que interrumpe nuestra conexión con todo el ser, la red interconectada de la vida y la conciencia cósmica.

A nivel colectivo, el olvido se perpetúa y se intensifica por medios sociales y culturales, y se sumerge en gran medida en una realidad de consumismo inconsciente, estilos de vida irreales y mentalidad materialista.

1. Olvidamos nuestro lugar en el mundo natural.

En los últimos cientos de años, hemos comenzado a separarnos de la naturaleza. Explotamos, destruimos, consumimos e intentamos controlar la naturaleza para satisfacer nuestra codicia egoísta.

Tratamos de mantener nuestras vidas fuera del círculo de la naturaleza, olvidamos cómo escuchar y comprender los ritmos de la naturaleza y los ciclos de la tierra, de los cuales podemos tomar señales y mensajes de la naturaleza. Nos olvidamos de seguir los pasos de la naturaleza y vivir una vida en equilibrio con la naturaleza.

2. Olvidamos nuestra conexión con la vida y el universo.

La separación de la naturaleza nos hace olvidar que estamos profundamente conectados con ella y los ciclos del universo.

Algunas tribus "menos civilizadas", y aquellas que todavía siguen las tradiciones de sus ancestros, son capaces de mantener esta conexión con respeto y admiración.

Por el contrario, las que creemos ser "civilizadas" olvidamos cómo toda la conciencia está interconectada y entretejida en una danza delicada y hermosa.

3. Olvidamos la sabiduría antigua.

Olvidamos la sabiduría de nuestros antepasados. En la búsqueda del crecimiento del conocimiento científico a través de la mente racional, olvidamos que la sabiduría se obtiene abriendo el corazón. Olvidamos las historias antiguas y la sabiduría popular de los profetas y sabios que vivieron en armonía con el universo.

4. Olvidamos nuestros caminos y sueños.

Nos olvidamos de imaginar el sueño de la vida porque estamos muy lejos del verdadero camino de nuestros corazones.

Más importante aún, olvidamos cómo ser conscientes en sueños como ese y vemos que, como soñadores, nuestra verdadera esencia es el co-creador de la vida. Olvidamos que tenemos la capacidad de tejer nuestros sueños y usar el poder de nuestra mente para realizar esos sueños.

5. Olvidamos nuestro propósito.

Con tanto ruido y entretenimiento en el ajetreo de la realidad, olvidamos por qué vinimos al mundo.

Olvidamos nuestro objetivo.

Estamos atrapados en una realidad enmarcada por el yo y la conciencia colectiva. No podemos ver quiénes somos realmente, el fuego oculto dentro de nosotros que nos impulsa hacia la felicidad y la autorrealización. Olvidamos que estamos aquí para practicar la experiencia del alma de la vida en forma física y para lograr juntos la armonía con el universo.

6. Olvidamos que todo viene del amor.

Esta es probablemente la más misteriosa de todas las cosas, y sólo algunos profetas pueden entenderla y considerarla como la verdad de todas las cosas. Sin embargo, esta verdad yace en lo profundo de nuestros corazones, y sabemos que existe, pero no sabemos cómo encontrarla.

Olvidamos que todo es en última instancia energía y conciencia, y que el amor es un elemento esencial de la existencia que atraviesa toda energía y conciencia.

7. Nos olvidamos de perdonar.

Olvidamos cómo perdonar porque creemos que cada persona es un individuo, independiente de otras personas y cosas.

El significado más profundo que existe en el perdón es recordarnos que estamos conectados con todos y con todo, para que no haya víctimas ni perpetradores. Simplemente porque todos estamos en esta red dinámica que llamamos vida, influyéndonos unos a otros y cocreando cada uno de nuestros próximos pasos.

8. Olvidamos que somos libres.

Recuerda una cosa todos los días: naces libre.

En la vida "real" en la que nacemos y nos criamos, la libertad es solo un concepto. Estamos atados por el miedo, los conceptos erróneos, las falsas ideologías, las recompensas materiales y sucumbimos a las leyes y reglas establecidas para el beneficio de unos pocos. Nos vemos obligados a olvidar que nuestra libertad es ilimitada. Tenemos la libertad de ser una persona sin miedo ni pecado.

9. Olvidamos nuestra verdadera fuerza.

Vivir con miedo nos hace olvidar lo poderosos que somos.

Olvidamos que nuestra voluntad e intenciones son poderosas y pueden cambiar nuestra realidad.

Estamos en un estado sonámbulo, inconscientes y robóticos, viviendo nuestras vidas siguiendo esos patrones preestablecidos.

10. Nos olvidamos de aprender de la historia.

Lo que la historia puede enseñarnos es cuán rápido olvidamos sus lecciones. Seguimos repitiendo los mismos errores una y otra vez, cayendo en los mismos patrones de avaricia y autodestrucción.

No podemos culpar a las personas por los errores del pasado individualmente, pero tenemos la responsabilidad de recordar los errores del pasado y transmitirlos al nivel psicológico colectivo.

11. Nos olvidamos de mantener lo simple.

La vida humana es cada vez más compleja. Nos seduce tener más luz y olvidamos el poder de la sencillez.

Nos olvidamos de ser simples y de lo que realmente significa el minimalismo. La vida es realmente simple. Y vivir simplemente significa dejar ir las cosas y pensamientos intrascendentes que empañan nuestro propósito y otras verdades que olvidamos.

12. Nos olvidamos de la confianza, la creencia y la curiosidad.

Ya no estamos fascinados por nuestro mundo, nos hemos olvidado de sentir curiosidad por las maravillas de la vida, ya no estamos asombrados por su majestuosidad.

Vemos el mundo con escepticismo y cinismo, tanto que ya no confiamos en nosotros mismos ni en los poderes mágicos del universo. La mayor tragedia de todas es que olvidamos cómo creer y hace que nuestros corazones parezcan débiles y nuestras almas ya no se sientan ricas.

Fuente: Academia Wudang Sanfeng Gongfu Ensenada B.C Mex. 

jueves, 31 de marzo de 2022

Tai Chi para niños

No es inusual iniciar a los niños en la práctica de un arte marcial.

En la mayoría de los casos, sin embargo, sólo se toman en consideración las artes marciales ‘externas’, como el judo, el karate, el kung fu o el tae kwon do.

Un prejuicio común quiere que el niño, después de cumplir todos sus compromisos diarios (escuela, tareas, TV, etc. ), necesita ‘desahogarse’  a través de una intensa actividad física y el Tai Chi, en este sentido, se considera  ‘demasiado tranquilo ‘.

La antigua disciplina china se puede revelar muy útil en la edad evolutiva y también puede ofrecer a los más pequeños grandes beneficios tanto a nivel físico como psicológico.

En efecto,  Tai Chi Chuan permite alcanzar una posición correcta adecuada, mejorando al mismo tiempo en el niño las habilidades motoras, la coordinación y el equilibrio (tanto físico como mental).

La práctica, después, no implica ningún tipo de competencia o ‘Combate’ y se acostumbra al niño a moverse con naturalidad y sin la opresión de ser evaluado por un ‘resultado’  que se tiene alcanzar a cualquier precio.

A la lentitud inicial de los movimientos, sigue posteriormente la aplicación rápida, de modo que el niño se acostumbra  a percibir las posibles incompatibilidades motoras y a relacionarse con el otro de manera más controlada.

A través de los movimientos lentos, los pequeños se acomodan  a percibir con exactitud su patrón corporal en constante evolución; con los más rápidos, incluso los niños más ‘hiperactivos’ pueden liberar sus posibles energías en la práctica.

Una hermosa posibilidad de considerar sería también la creación de cursos en los cuales los niños puedan estar al lado de padres, como compañeros de práctica, y por qué no, incluso de sus abuelos.

Tomado de la web, autor desconocido