lunes, 21 de diciembre de 2015

Generosidad



Un maestro con fama de generoso se encontraba paseando por el jardín de su anfitrión cuando observó que un criado recibía su ración de un plato de comida junto a una porción de pan. Un perro que andaba por allí se acercó al criado, y éste le arrojó el trozo de pan. El animal comió con avidez lo ofrecido y a continuación el hombre le dio el resto de su comida. El maestro preguntó al criado:
-¿Cuál es tu ración diaria?
-La que le he dado al perro, señor –respondió.
-¿Y por qué en vez de dársela al perro, no la has comido tú? -interrogó de nuevo.
-Porque este animal ha llegado de fuera y he pensado que es buena la hospitalidad con un viajero que con seguridad venía con hambre, por eso le di el pan -contestó.
-¿Y el plato de comida?
-Muy fácil, porque tenía más hambre.
Desde ese día, el maestro pidió a todo el mundo que nunca más volvieran a concederle el título de generoso.

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