Que las
lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar.
O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace
falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.
viernes, 15 de noviembre de 2019
miércoles, 13 de noviembre de 2019
Esto es la esencia de la docencia
Un anciano
conoce a un joven quien le pregunta:
-¿Se acuerda de mí?
Y anciano dice que no.
Entonces el joven dice que fue su alumno.
Y el profesor pregunta:
-¿Qué estás haciendo?
-Soy profesor
-Ah que bueno ¿Como yo?
- Sí. Me convertí en maestro porque usted me inspiró a ser también como usted.
Luego le pregunta al tipo cuándo lo inspiró a ser maestro.
-¿Se acuerda de mí?
Y anciano dice que no.
Entonces el joven dice que fue su alumno.
Y el profesor pregunta:
-¿Qué estás haciendo?
-Soy profesor
-Ah que bueno ¿Como yo?
- Sí. Me convertí en maestro porque usted me inspiró a ser también como usted.
Luego le pregunta al tipo cuándo lo inspiró a ser maestro.
Y el alumno
cuenta la historia:
-Un día, un amigo mío, también estudiante, llegó con un hermoso reloj nuevo, y decidí que lo quería para mí y lo robé, lo saqué de su bolsillo. Poco después, mi amigo notó el robo y se quejó a usted (maestro). Entonces se dirigió a la clase:
-El reloj de su colega fue robado. Quien lo robó, que lo devuelva.
No lo devolví porque no quería hacerlo.
Luego cerró usted la puerta y le dijo a todos que se pusieran de pie y que iría a uno por uno para buscar en los bolsillos de todos hasta encontrar el reloj. Pero les dijo a todos que cerraran los ojos, que haría esto con los estudiantes con los ojos cerrados ...
Todos cerraron los ojos y usted fue de bolsillo en bolsillo y cuando llegó al mío encontró el reloj y lo tomó. Continuó usted buscando en todos, y cuando terminó, dijo:
-Un día, un amigo mío, también estudiante, llegó con un hermoso reloj nuevo, y decidí que lo quería para mí y lo robé, lo saqué de su bolsillo. Poco después, mi amigo notó el robo y se quejó a usted (maestro). Entonces se dirigió a la clase:
-El reloj de su colega fue robado. Quien lo robó, que lo devuelva.
No lo devolví porque no quería hacerlo.
Luego cerró usted la puerta y le dijo a todos que se pusieran de pie y que iría a uno por uno para buscar en los bolsillos de todos hasta encontrar el reloj. Pero les dijo a todos que cerraran los ojos, que haría esto con los estudiantes con los ojos cerrados ...
Todos cerraron los ojos y usted fue de bolsillo en bolsillo y cuando llegó al mío encontró el reloj y lo tomó. Continuó usted buscando en todos, y cuando terminó, dijo:
'Abran los ojos. Ya tenemos el reloj'.
No me dijo usted nada.
Nunca mencionó el episodio.
Nunca dijo quién había robado a nadie.
Y ese día, usted salvó mi dignidad para siempre.
No me dijo usted nada.
Nunca mencionó el episodio.
Nunca dijo quién había robado a nadie.
Y ese día, usted salvó mi dignidad para siempre.
Fue el día más
vergonzoso de mi vida. Pero también el fue el día que mi dignidad se salvó de
no convertirme en ladrón, mala persona, etc. Nunca dijo nada.
No me dio apenas una lección moral. Y recibí el mensaje. Y entendí, que esto es lo que debe hacer un verdadero educador.
¿Se acuerda de ese episodio, maestro?
Y el profesor responde:
-Recuerdo la situación, el reloj robado, busqué en todos, etc.
Pero no te recordaba.
Porque también cerré los ojos mientras buscaba.
No me dio apenas una lección moral. Y recibí el mensaje. Y entendí, que esto es lo que debe hacer un verdadero educador.
¿Se acuerda de ese episodio, maestro?
Y el profesor responde:
-Recuerdo la situación, el reloj robado, busqué en todos, etc.
Pero no te recordaba.
Porque también cerré los ojos mientras buscaba.
*Si Para
Corregir Necesitas Humillar... no sabes enseñar!...*
miércoles, 6 de noviembre de 2019
Las zapatillas limpias
El joven monje se presentó una fría
mañana ante el abad y le preguntó:
-¿Alguna vez has pensado si has
desperdiciado tu vida?”
-Nunca, ¿por qué? Respondió el
abad
-Pues, yo Siento que estoy
desperdiciando la mía. ¿Cómo puedo dejar de desperdiciarla?
El abad lo miró pensativo y le
dijo:
-Mira tus zapatillas.
-Sí, ¿qué tienen?
Con gesto serio dijo:
-¿Ves lo sucias que están? Aún no
estás preparado.
-Y ¿Cómo hago para prepararme,
maestro?”
-Vuelve mañana temprano y cuida
que tus zapatillas vengan relucientes. Sentenció el abad
-No entiendo.
-Sólo ve y nos vemos mañana.
El ansioso monje regresó a su
cuarto, tomó otro par de zapato zapatillas y las dejó relucientes.
Al siguiente día, tomó sus zapatillas
y se dirigió al templo, pero en el camino pisó un charco de lodo.
Al llegar al templo, el maestro
le dijo:
-Muéstrame tus zapatillas.
El monje le enseñó sus zapatillas
manchas del lodo.
-Siguen sucias. Vuelve mañana. Y el
abad, dio media vuelta y volvió a su meditación
El moje regresó a su cuarto, volvió
a limpiarlas y las puso en una bolsa para que no se ensucien. Sin embargo, en
el camino nuevamente se ensuciaron por la polvareda que levantó el viento.
Y durante varios días, las zapatillas
volvían a no estar en condiciones.
El joven probó nuevas maneras de
mantener sus zapatillas limpias, pero cada vez, en el camino se ensuciaban y el
maestro le pedía que volviera al día siguiente.
Finalmente, el monje decidió
comprar unas zapatillas nuevas, ponerlas en una caja, guardarlas y al llegar al
templo, unos pasos antes de entrar, cambió las zapatillas viejas por aquellas
relucientes, pero el maestro seriamente le dijo:
-Haz hecho trampa. Estas zapatillas
nunca han sido usadas. Vuelve mañana.
La paciencia del joven monje,
llegó a su límite y en un exabrupto gritó:
-Eso no es posible. El camino
está lleno de lodo, polvo, y suciedad. No hay forma de llegar hasta aquí con las
zapatillas limpias, no importa cuántas veces lo intente
El viejo maestro sonrió y le dijo
serenamente:
-Finalmente haz comprendido.
El atribulado joven se animó a
preguntar:
-¿Qué cosa?
-Si sientes que pierdes tu vida
es porque tratas de alcanzar lo imposible. Debes entender que no hay un camino
puro o fácil. En vez de evitar desperdiciar tu vida, piensa cómo puedes
disfrutarla, aún con tus zapatillas sucias.
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