sábado, 21 de febrero de 2026

El Límite Que Apareció Tarde

 El Límite Que Apareció Tarde

 

El aprendiz Nori era conocido por ayudar a todos.

Siempre decía que sí.

A cualquier favor.

A cualquier petición.

No por bondad, sino por miedo a decepcionar.

Un día, después de una jornada larga, cayó exhausto en el pasillo del templo.

El maestro Kaen lo encontró allí, sentado contra la pared.

—¿Por qué sigues ayudando cuando ya no puedes? —preguntó.

Nori tardó en responder.

—Porque si digo que no… dejo de ser útil.

Kaen se sentó a su lado.

—¿Y desde cuándo confundiste ser útil con desaparecer?

Nori bajó la cabeza.

—El límite no es un castigo —continuó el maestro—.

Es el lugar donde tú empiezas.

—Pero llega tarde —dijo Nori—. Siempre lo noto cuando ya estoy agotado.

Kaen asintió.

—Porque lo escuchas como reproche, no como señal.

El cuerpo avisa antes.

El cansancio solo grita lo que ya ignoraste en voz baja.

Nori guardó silencio.

—La próxima vez que sientas una incomodidad pequeña —añadió Kaen—, no la empujes.

Ahí vive tu límite, esperando que lo respetes sin tener que romperte.

Ese día, Nori no ayudó menos.

Ayudó distinto.

Y por primera vez entendió que decir “hasta aquí” no lo hacía menos valioso…

Lo hacía presente.

 Fuente: Vicente Laparra

No hay comentarios.: