jueves, 8 de enero de 2026

El Espejo Opaco

El Espejo Opaco

 

En una sala del templo había un espejo antiguo que nadie usaba.

El cristal estaba empañado por el tiempo y apenas reflejaba formas borrosas.

El aprendiz Yori decidió limpiarlo.

Pasó un paño húmedo, luego otro, luego arena fina…

Pero el espejo seguía igual de opaco.

Frustrado, fue al maestro Retsu.

—Maestro, este espejo ya no sirve. No muestra nada.

Retsu se acercó y lo observó en silencio.

—¿Qué quieres ver en él?

—A mí mismo —respondió Yori.

—Entonces no mires el cristal —dijo el maestro—. Mira lo que intentas encontrar.

Yori frunció el ceño.

Retsu sopló suavemente sobre el espejo.

Durante un instante, apareció un reflejo tenue… y se desvaneció.

—El espejo no está sucio —dijo el maestro—. Estás intentando que te devuelva una imagen que aún no te atreves a sostener.

Yori quedó inmóvil.

—Cuando no sabemos quiénes somos —continuó—, no es que el espejo no refleje… es que evitamos ver con nitidez.

El aprendiz bajó la mirada.

—¿Y qué debo hacer?

Retsu apoyó la mano sobre el cristal.

—No intentes que te muestre algo mejor.

Quédate lo suficiente… hasta que puedas mirarte sin corregirte.

Yori volvió a la sala esa noche.

No pulió.

No frotó.

Solo se quedó frente al espejo opaco.

Y por primera vez, no necesitó verlo claro para reconocerse.

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